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viernes, 25 de septiembre de 2015

Aprendiendo el dolor: del mem al mens

Durante la última década se ha discutido mucho sobre el dolor, el cerebro y cómo la cultura influye en el desarrollo de ambos. Como fisioterapeutas y profesionales de la salud hemos tomado herramientas de otras disciplinas para progresar en la nuestra, nos hemos valido de Wittgenstein, Hacker, Dawkins y muchos otros, pero a pesar de nuestros esfuerzos, todo aparece apuntar que aún orinamos fuera de la letrina.

Uno de los temas que más he discutido últimamente es el del mem (o meme), concepto que, en una situación autorreferente, se ha arraigado en las mentes de los fisioterapeutas. ¿Pero entonces todo dolor crónico, heredado, es meme? No, y esto lo sabemos casi todos. La respuesta más avivada es que si bien el gen importa, éste sólo sirve como predisponente para perpetuar el mem. Y eso es más o menos cierto; la selección natural lo hizo así: somos los únicos animales que prolongaron su infancia durante décadas (proceso conocido como neotenia), para compensar nuestras debilidades físicas y cazadoras con nuestra inteligencia y nuestra apantallante capacidad de imitación. Pero en principio, el mem nunca bastó. Se necesitaba asistencia genética, y así fue que después de millones de años de evolución llegamos nosotros. Basándonos en nuestro insisto de supervivencia, nos volvimos una cultura alarmista; sumándole la ignorancia, también catastrofista y terca. Los últimos avances en dolor lo tienen claro: las creencias importan. ¿Pero entonces está bien decir que el dolor se aprende? No.

Lo que nos debe de quedar claro es que lo que se aprenden son conductas ante el dolor, así como aprendimos conductas de escape o huída, mas no aprendimos a huir; lo que se aprende respecto al dolor, es el catastrofismo, la hiperviligancia, la kinesiofobia y demás actitudes que eventualmente dirigirán hacia la perpetuación del dolor, pero no aprendimos a doler. Entonces concretamente, ¿por qué no se puede aprender el dolor? Pues porque es una experiencia y un proceso individual, desde que surge hasta que se aborda y se suprime. Nadie siente el mismo dolor, nadie lo transmite igual. Cuando hablamos de un mem, hablamos de una idea que parasita la mente y la vuelve su vehículo para replicarse después en otra, la posesiona y la utiliza. Pero cuando se trata de dolor, en el mejor de los casos se transmite una copia apócrifa, una farsa, una mala, muy mala, traducción. Parafraseando a Kuttner, conocer el dolor de otra persona es como intentar entender un idioma extranjero que no comprendes del todo. ¿Cómo se te puede plantar un mem en un idioma distinto al que hablas? ¿Por qué suponemos que brotará tal cual se te transfirió? El mem, una vez proyectado en la increíble pantalla de la conciencia, pierde su capacidad para replicarse, básicamente porque el individuo lo secuestra.

Personalmente, soy de la opinión de que el concepto "meme" es más una curiosidad científica que una realidad fáctica. Desconocemos la biología de las ideas, son huérfanas de su Watson y Crick. Afortunadamente, no ha hecho falta conocerla, pues la biología que conocemos hasta ahora nos ha sido suficiente. Una prueba innegable es que no existen resultados científicos explicados con memes que no puedan explicarse de alguna otra forma. Pero regresando al tema, ¿qué es entonces la conciencia? ¿Por qué influye en el dolor? ¿Está nuestra mente (mens) sujeta a la materia? Y a todo esto, ¿qué tienen en común la mente, el dolor y la materia?

Bueno, en primer lugar no es que la mente esté sujeta a la materia, lo que hay que saber es que la mente por sí misma es materia. ¿Y el dolor? El dolor también. Me explico:

La filosofía y le neurología han demostrado que la mente es el resultado del funcionamiento del cerebro. De idéntica manera que un coche camine es el resultado del funcionamiento del motor. El movimiento y la energía que mueve al motor y al cerebro son, en última instancia una manifestación de la materia; así como el que podamos mover nuestros brazos es manifestación del desayuno. Por otro lado, y esto es lo importante, es que como muchos sistemas complejos que tienen un sustrato material, éstos tienen leyes que se generan dentro del mismo sistema complejo y que rigen las interacciones entre las diversas mentes. Así, la razón, el dolor, e incluso los sentimientos, no obedecen las leyes de Newton, ni la relatividad de Einstein, ni la teoría cartesiana, y ni siquiera a las neurociencias. Los sistemas mentales siguen sus propias leyes que emergen de la complejidad del sistema y por lo tanto no podemos conceptualizarlos de manera universal. Nadie piensa igual, nadie ama igual, nadie duele igual. 

Es un error pensar que podemos entender el dolor generalizando el concepto, y es un error también decir que el dolor está en los tejidos, o que está en el cerebro; el dolor es un concepto tan poco tangible como el dinero, que no está en los billetes. El dolor es resultado del funcionamiento de un sistema complejo, manifestación de la materia presente solo dentro del sistema que lo crea. Existen personas con dolor, no estructuras doliendo, así como personas con sed y no gargantas sedientas. El dolor no se transmite, así como tampoco puede transmitirse el pensamiento. Cada dolor es diferente, por lo que no existe el tratamiento perfecto, sino el tratamiento que tu paciente necesita.


jueves, 14 de mayo de 2015

El dolor de Descartes

La asociación internacional para el estudio de dolor (IASP) define al dolor como “una experiencia sensitiva y emocional no placentera asociada con daño tisular real o potencial o descrito en términos de tal daño” (1986).  René Descartes en el siglo XVI fue quien por vez prístina explicó la neurociencia del dolor; para el francés, todo dolor se genera en los tejidos y se conduce hasta el cerebro, lugar donde se produce su transición a la consciencia. Descartes, sin embargo, estaba equivocado. Los que siguen pensando como él, también (Goicoechea, 2012).


La "vía del dolor"
Charles Sherrington, en 1906, describió por primera vez lo que a día de hoy conocemos como nociceptores, neuronas que definió como terminaciones nerviosas capaces de responder a todos aquellos estímulos potencialmente dañinos mediante el envío de señales nerviosas a la médula espinal y el cerebro. El novedoso hallazgo del investigador británico, curiosamente, sirvió para reforzar la teoría cartesiana en vez de anularla.

El principio cartesiano del origen del dolor está presente en las teorías oficiales no sólo de la sociedad sino también de profesionales sanitarios. En la clínica actual es común escuchar términos como “estímulos dolorosos”, “receptores de dolor”, “modulación espinal de dolor” y demás locuciones cartesianas. Algunos fisioterapeutas hablan de cosas como “dolor muscular”, “puntos gatillo”, “dolor articular” y otros términos radicalmente alejados de la neurofisiología real del dolor.

Lo que actualmente se sabe, es que las terminaciones nerviosas nociceptivas no detectan dolor sino señales de daño, es decir, de peligro. El músculo no duele, el hueso tampoco, ni la articulación ni el ligamento, y a contrario de  lo que se piensa, tampoco duele el cerebro. Si bien los nociceptores detectan las señales de daño, y a partir del cerebro es donde surgen conexiones a otras áreas en las que se completa la percepción con toques afectivos, interpretativos, motores, atencionales y conductuales, el dolor es resultado de la activación conjunta de todo ello, que sumándole la misteriosa proyección en la pantalla de la conciencia, da lugar a lo que describimos privadamente como dolor (Goicoechea, 2011). Para Lorimer Moseley el dolor no indica lo que está pasando en el cuerpo, sino lo que el cerebro piensa que está pasando en él. Personalmente, yo diría que indica ambas cosas.

No obstante, las pruebas de que el «dolor no es igual a daño» son copiosas, y las pruebas más sólidas están en los hallazgos imagenológicos: degeneración espinal indolora (Brinkjikji, 2014), discordancias entre el dolor y la severidad en pacientes con gonartrosis (Finan, 2013), sujetos asintomáticos con presencia de pinzamiento subacromial, artrosis y hernias discales (Girish, 2011; Guermazi, 2012; Nakashima, 2015).

Se sabe que la nocicepción no es necesaria ni suficiente para provocar dolor (Guo, 2014), que el dolor no es un estímulo sino una percepción, una respuesta, y que el cerebro el 100% de las veces decide si algo debe doler o no (Moseley, 2011; Moseley, 2015), que el dolor está más asociado con la conducta, la memoria, los miedos y la cultura, que con el daño; que el dolor tiene que ver más con la cronicidad que con el estado del tejido (Rio, 2013) y que la plasticidad cerebral es la forma en que nuestro sistema nervioso codifica todas estas experiencias (Pelletier, 2015), llegando incluso a modificar nuestra expresión genética (Álvarado, 2015), pero buscar el dolor en un lugar es un error, un cartesianismo (independientemente de donde lo ubiquemos). 

Hipócrates en el 460 A.C. ya aseguraba que el cerebro —y nada más que el cerebro— dolía. En la actualidad aún hay quienes quitan dolor muscular, pero están renaciendo los sanitarios hipocráticos que son, a su modo, dualistas cartesianos.

El neurofisiólogo Arturo Goicoechea lo ha dicho: Descartes está vivo, y lamentablemente su muerte se encuentra, de momento, descartada.

Referencias:

1.Finan (2013) Discordance between pain and radiographic severity in knee osteoarthritis: findings from quantitative sensory testing of central sensitization. Arthritis Rheum. 65(2):363-72

2.  Moseley L & Butler D. (2003) Explain Pain. Adelaide: Noigroup Publications.

3. https://arturogoicoechea.wordpress.com

4. Guo (2014) Do Nociceptors and Nociception. Solely Imply Noxious Stimuli? Journal of Anesthesia & Critical Care: Open Access. 1(1): 00001

5. Girish (2011) Ultrasound of the Shoulder: Asymptomatic Findings in Men. AJR. 197.

6. Guermazi (2012)Prevalence of abnormalities in knees detected by MRI in adults without knee osteoarthritis: population based observational study. BMJ 345:E5393.

7. Nakashima H (2015) Abnormal Findings on Magnetic Resonance Images of the Cervical Spines in 1211
Asymptomatic Subjects.Spine 40(6):392-398. 

8. Brinkjikji (2014) Systematic Literature Review of Imaging Features of Spinal Degeneration in Asymptomatic Populations. Spine. 

9. International Association for the Study of Pain. Classification of Chronic Pain: Descriptions of Chronic Pain Syndromes and Definition of Pain Terms. Pain 1986; (Suppl): 1-222

sábado, 9 de mayo de 2015

Enseñando a enseñar el dolor


Ya muchos conocemos el papel que juega la comunicación y la pedagogía en el tratamiento del dolor, así como el papel que juega la comunicación dentro de la pedagogía misma. Como demostrábamos en un post anterior, el crear en el paciente una base teórica sólida y veraz sobre el dolor y su afrontamiento, a la vez que se derogan creencias irracionales que conllevan a disfunciones cognitivas, genera un input impetuoso que llevará al paciente a comprender mejor su patología y a solucionar de manera óptima su dolencia. En todo caso, de manera personal, considero que debemos tomar en cuenta los principios griceanos a la hora de transmitirle nuestros conocimientos al paciente. No sólo debemos educarnos en cuanto a dolor, sino también en cuanto a su explicación. No basta con suponer que el paciente nos va a entender, tenemos que reforzar ese entendimiento. Si nuestra enseñanza falla, nuestro tratamiento seguramente también lo hará.

Para empezar, me apegaré a los principios de cooperación que Grice clasificó en categorías, y éstas, a su vez, en máximas; de igual forma, retomaré las determinantes de Watzlawick e intentaré extrapolarlas en el ámbito sanitario, y más específicamente, en el pedagógico. Aunque en la práctica los conocimientos verbales y comunicativos se asumen tácitos, para poder aprenderlos deben ser necesariamente explicados y entendidos, por lo que las principales determinantes se desarrollan de la siguiente manera:

I. Categoría de cantidad

"Tantas palabras para no decir nada. Ahorremos"—Roberto Bolaño

Se relaciona con la cantidad de información que debe darse y bajo ella caen las siguientes máximas:

  • Haga que su cooperación a la conversación sea tan informativa como lo requiera el propósito del diálogo.
  • No haga su contribución más informativa de lo que sea necesario/requerido ni sobreabunde ni recorte su conversación. 

Puede discutirse si el sobreabundar es necesariamente un elemento negativo, pero lo cierto es que en alguien con un oído poco acostumbrado a terminologías médicas, se puede crear una pérdida de interés debido a la falta de comprensión en el tema o por un sentimiento de anulación cognitiva. Es indiscutible que en ocasiones es tentador el alarde y muchas veces creemos que el hacerlo generará un aire de sapiensa que el paciente sabrá reconocer, dotándolo así de seguridad y confianza. Pero la verdad es que, generalmente, sólo terminamos creándole confusión. 

¿Ínsula? ¿Vía espino-talámica? ¿Sustancia gris periacueductal? 

Recuerda que respecto al abordaje terapéutico del dolor, no importa tanto quien sepa más, sino quien lo explica mejor.

II. Categoría de la cualidad

"De lo que no se puede hablar, es mejor callar"—Ludwig Wittgenstein
Hay que tratar en todo momento que la cooperación a la conversación sea verdadera. Es decir, que sea genuina y no espuria. 

La conversación no debe repugnar ni contradecir al conocimiento, es decir, los juicios de la inteligencia transformados en parte de una conversación deben adecuarse a la realidad. Y segundo, debe existir un compromiso lógico y moral de decir la verdad.

Concretamente:
  • No diga nada que crea falso.
  • No diga nada de lo que no tenga prueba suficientes.

Es cosa de fascias



A pesar de que dicen que la verdad duele, en pacientes con dolor crónico la verdad cura. La falsedad y la mentira solamente empeoran la condición.


III. Categoría de la relación

"Debe haber algo idéntico en una figura y en lo que representa, a fin de que la una pueda ser una figura del otro". —Ludwig Wittgenstein


Hay que ser relevantes, es decir, hacer que la contribución a la conversación sea lo más destacable posible con respecto a la dirección del intercambio lingüistico. Notemos que según la RAE, «relevante» es un adjetivo que significa, por una parte, sobresaliente y destacado, y por otra, importante y significativo.


"Dolor no es igual a daño"

IV. Categoría de la modalidad


"Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido lo suficiente".—Albert Einstein

Aquí lo que importa más no es qué se dice sino cómo se dice.

  • Evite la oscuridad en su expresión.
  • Evite la ambigüedad.
  • Sea breve y ordenado (evite ser innecesariamente prolijo).

¿Explicando el dolor?

   En síntesis, el principio cooperativo con sus cuatro categorías y sus respectivas máximas pretenden reglar o regular la conversación entre los hablantes de modo tal que facilite la comunicación en todo momento, ya sea explícita como implícitamente. Cada hablante debe cooperar, es decir, debe convertirse en un cooperador activo de la conversación para que ésta resulte clara y significativa. Por lo tanto, aplicar el modelo griceano podría resultarnos una herramienta terapéutica muy efectiva, pues se trata de un input directo e inmediato, de fisioterapia no con manos, sino con cerebro. 



jueves, 7 de mayo de 2015

Pedagogía de dolor (demostración formal)


Según Moseley,
Dolor = (Evidencia creíble de daño) - (Evidencia creíble de seguridad). 

En lenguaje formal esto vendría a representarse así:

D = p - q
Siendo: 
D = Dolor 
p = Evidencia creíble de daño 
q = Evidencia creíble de seguridad 

Por lo tanto, un sujeto N tiene D si: 

  1. N cree que p
  2. N no cree que q
  3. N está justificado para creer 1 y 2.

Es decir, nuestro sujeto (N) cree en la evidencia de daño, N no cree en la evidencia de seguridad y N está justificado para creer ambas.


Por otro lado, la definición canónica de conocimiento es esta:


Un sujeto N conoce x si:
  1. N cree que x.
  2. X es verdadera. 
  3. N está adecuadamente justificado para creer x. 

Por ejemplo: 
N cree que sus vértebras no están desviadas (sic). En efecto, sus vértebras no están desviadas. Y N está justificado para creerlo.


La fórmula del dolor, entonces, se anularía de la siguiente forma:

  1. N conoce x  (v.g. que su columna no está desviada)
  2. N no cree que p (que tenga daño)
  3. N cree que q (que tiene seguridad)
  4. N está adecuadamente justificado para 2 y 3 (tiene argumentos para 1 y 2)
  5. Si q > p → ~D (L.q.q.d.)  

En conclusión, crear en el paciente una base teórica sólida y veraz sobre el dolor y su afrontamiento, a la vez que se derogan sus creencias irracionales que conllevan a efectos indeseables en el centro de evaluación cerebral, genera un input impetuoso que llevará al paciente a comprender mejor su patología y, aunque por sí sola la pedagogía sea incapaz de solucionar la dolencia, es una buena forma de introducirnos al abordaje del paciente, generando confianza, ganando aprobación y brindando conocimiento.

Cabe destacar sin embargo, que la verdad es una propiedad de las oraciones, por lo que para que x sea verdadera, x tiene que ser una oración. Por lo tanto tiene que haber lenguaje, porque sin lenguaje no hay conocimiento. El conocimiento se planta en oraciones, a través de la comunicación. Educar al paciente sobre su dolor es dotar al paciente de algo más que conocimiento: es también dotarlo de bienestar.  Al menos, para empezar.