Durante
la última década se ha discutido mucho sobre el dolor, el cerebro y cómo la
cultura influye en el desarrollo de ambos. Como fisioterapeutas y profesionales
de la salud hemos tomado herramientas de otras disciplinas para progresar en la
nuestra, nos hemos valido de Wittgenstein, Hacker, Dawkins y muchos otros, pero
a pesar de nuestros esfuerzos, todo aparece apuntar que aún orinamos fuera de
la letrina.
Uno
de los temas que más he discutido últimamente es el del mem (o meme), concepto
que, en una situación autorreferente, se ha arraigado en las mentes de los
fisioterapeutas. ¿Pero entonces todo dolor crónico, heredado, es meme? No, y
esto lo sabemos casi todos. La respuesta más avivada es que si bien el gen
importa, éste sólo sirve como predisponente para perpetuar el mem. Y eso es más
o menos cierto; la selección natural lo hizo así: somos los únicos animales que
prolongaron su infancia durante décadas (proceso conocido como neotenia), para compensar nuestras debilidades
físicas y cazadoras con nuestra inteligencia y nuestra
apantallante capacidad de imitación. Pero en principio, el mem nunca bastó. Se
necesitaba asistencia genética, y así fue que después de millones de años de evolución llegamos nosotros. Basándonos en
nuestro insisto de supervivencia, nos volvimos una cultura alarmista; sumándole
la ignorancia, también catastrofista y terca. Los últimos avances en dolor lo
tienen claro: las creencias importan. ¿Pero entonces está bien decir que el dolor se
aprende? No.
Lo
que nos debe de quedar claro es que lo que se aprenden son conductas ante el
dolor, así como aprendimos conductas de escape o huída, mas no aprendimos a
huir; lo que se aprende respecto al dolor, es el catastrofismo, la
hiperviligancia, la kinesiofobia y demás actitudes que eventualmente dirigirán
hacia la perpetuación del dolor, pero no aprendimos a doler. Entonces
concretamente, ¿por qué no se puede aprender el dolor? Pues porque es una
experiencia y un proceso individual, desde que surge hasta que se aborda y se
suprime. Nadie siente el mismo dolor, nadie lo transmite igual. Cuando hablamos
de un mem, hablamos de una idea que parasita la mente y la vuelve su vehículo
para replicarse después en otra, la posesiona y la utiliza. Pero cuando se trata
de dolor, en el mejor de los casos se transmite una copia apócrifa, una farsa,
una mala, muy mala, traducción. Parafraseando a Kuttner, conocer el dolor de
otra persona es como intentar entender un idioma extranjero que no comprendes
del todo. ¿Cómo se te puede plantar un mem en un idioma distinto al que hablas?
¿Por qué suponemos que brotará tal cual se te transfirió? El mem, una vez
proyectado en la increíble pantalla de la conciencia, pierde su capacidad para
replicarse, básicamente porque el individuo lo secuestra.
Personalmente,
soy de la opinión de que el concepto "meme" es más una curiosidad
científica que una realidad fáctica. Desconocemos la biología de las ideas, son huérfanas de su Watson y Crick. Afortunadamente, no ha hecho falta conocerla, pues la biología que conocemos hasta ahora
nos ha sido suficiente. Una prueba innegable es que no existen resultados científicos explicados con memes que no
puedan explicarse de alguna otra forma. Pero regresando
al tema, ¿qué es entonces la conciencia? ¿Por qué influye en el dolor? ¿Está
nuestra mente (mens) sujeta a la materia? Y a todo esto, ¿qué tienen en común la
mente, el dolor y la materia?
Bueno,
en primer lugar no es que la mente esté sujeta a la materia, lo que hay que
saber es que la mente por sí misma es materia. ¿Y el dolor? El dolor también.
Me explico:
La
filosofía y le neurología han demostrado que la mente es el resultado del
funcionamiento del cerebro. De idéntica manera que un coche camine es el
resultado del funcionamiento del motor. El movimiento y la energía que mueve al
motor y al cerebro son, en última instancia una manifestación de la materia;
así como el que podamos mover nuestros brazos es manifestación del desayuno.
Por otro lado, y esto es lo importante, es que como muchos sistemas complejos
que tienen un sustrato material, éstos tienen leyes que se generan dentro del
mismo sistema complejo y que rigen las interacciones entre las diversas mentes.
Así, la razón, el dolor, e incluso los sentimientos, no obedecen las leyes de
Newton, ni la relatividad de Einstein, ni la teoría cartesiana, y ni siquiera a las neurociencias. Los sistemas mentales siguen sus propias leyes que
emergen de la complejidad del sistema y por lo tanto no podemos conceptualizarlos de manera universal. Nadie piensa igual, nadie ama igual, nadie duele igual.
Es un error pensar que podemos entender el dolor generalizando el concepto, y es un error también decir que el dolor está en los tejidos, o que está en el cerebro; el dolor es un concepto tan poco tangible como el dinero, que no está en los billetes. El dolor es resultado del funcionamiento de un sistema complejo, manifestación de la materia presente solo dentro del sistema que lo crea. Existen personas con dolor, no estructuras doliendo, así como personas con sed y no gargantas sedientas. El dolor no se transmite, así como tampoco puede transmitirse el pensamiento. Cada dolor es diferente, por lo que no existe el tratamiento perfecto, sino el tratamiento que tu paciente necesita.
Es un error pensar que podemos entender el dolor generalizando el concepto, y es un error también decir que el dolor está en los tejidos, o que está en el cerebro; el dolor es un concepto tan poco tangible como el dinero, que no está en los billetes. El dolor es resultado del funcionamiento de un sistema complejo, manifestación de la materia presente solo dentro del sistema que lo crea. Existen personas con dolor, no estructuras doliendo, así como personas con sed y no gargantas sedientas. El dolor no se transmite, así como tampoco puede transmitirse el pensamiento. Cada dolor es diferente, por lo que no existe el tratamiento perfecto, sino el tratamiento que tu paciente necesita.
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