Ya muchos
conocemos el papel que juega la comunicación y la pedagogía en el tratamiento
del dolor, así como el papel que juega la comunicación dentro de la pedagogía
misma. Como demostrábamos en un post
anterior, el crear en el paciente una base teórica sólida y veraz sobre el
dolor y su afrontamiento, a la vez que se derogan creencias irracionales que
conllevan a disfunciones cognitivas, genera un input impetuoso que llevará al
paciente a comprender mejor su patología y a solucionar de manera óptima su
dolencia. En todo caso, de manera personal, considero que debemos tomar en
cuenta los principios griceanos a la hora de transmitirle nuestros
conocimientos al paciente. No sólo debemos educarnos en cuanto a dolor, sino
también en cuanto a su explicación. No basta con suponer que el paciente nos va
a entender, tenemos que reforzar ese entendimiento. Si nuestra enseñanza falla,
nuestro tratamiento seguramente también lo hará.
Para empezar, me apegaré a los principios de cooperación que Grice clasificó en categorías, y éstas, a su vez, en máximas; de igual forma, retomaré las determinantes de Watzlawick e intentaré extrapolarlas en el ámbito sanitario, y más específicamente, en el pedagógico. Aunque en la práctica los conocimientos verbales y comunicativos se asumen tácitos, para poder aprenderlos deben ser necesariamente explicados y entendidos, por lo que las principales determinantes se desarrollan de la siguiente manera:
I. Categoría de cantidad
"Tantas palabras para no decir nada. Ahorremos"—Roberto Bolaño
Se relaciona con la cantidad de información que debe darse y bajo
ella caen las siguientes máximas:
- Haga que su cooperación a la conversación sea tan informativa como lo requiera el propósito del diálogo.
- No haga su contribución más informativa de lo que sea necesario/requerido ni sobreabunde ni recorte su conversación.
Puede discutirse si el
sobreabundar es necesariamente un
elemento negativo, pero lo cierto es que en alguien con un oído poco acostumbrado a terminologías médicas, se puede crear una pérdida de interés debido a la falta de comprensión en el tema o por un sentimiento de anulación cognitiva. Es indiscutible que en ocasiones es tentador el alarde y muchas veces creemos que el hacerlo generará un aire de sapiensa que el paciente sabrá reconocer, dotándolo así de seguridad y confianza. Pero la verdad es que, generalmente, sólo terminamos creándole confusión.
¿Ínsula? ¿Vía espino-talámica? ¿Sustancia gris periacueductal? |
Recuerda que respecto al abordaje terapéutico del dolor, no importa tanto quien sepa más, sino quien lo explica mejor.
II. Categoría de la cualidad
"De lo que no se puede hablar, es mejor callar"—Ludwig Wittgenstein
Hay que tratar en todo momento que la cooperación a la conversación sea verdadera. Es decir, que sea genuina y no espuria.
La
conversación no debe repugnar ni contradecir al conocimiento,
es decir, los juicios de la inteligencia transformados en parte de una
conversación deben adecuarse a la realidad. Y segundo, debe existir un compromiso lógico y moral de
decir la verdad.
Concretamente:
A pesar de que dicen que la verdad duele, en pacientes con dolor crónico la verdad cura. La falsedad y la mentira solamente empeoran la condición.
III. Categoría de la relación
"Debe haber algo idéntico en una figura y en lo que representa, a fin de que la una pueda ser una figura del otro". —Ludwig Wittgenstein
Hay que ser relevantes, es
decir, hacer que la contribución a la conversación sea lo más destacable posible con respecto a la dirección
del intercambio lingüistico. Notemos que según la RAE, «relevante» es un adjetivo que significa, por una parte, sobresaliente y destacado, y por otra, importante y significativo.
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"Dolor no es igual a daño" |
IV. Categoría de la modalidad
"Si no puedes explicar algo de forma sencilla, es que ni tú mismo lo has entendido lo suficiente".—Albert Einstein
Aquí lo que importa más no es qué se dice sino cómo se dice.
- Evite la oscuridad en su expresión.
- Evite la ambigüedad.
- Sea breve y ordenado (evite ser innecesariamente prolijo).
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¿Explicando el dolor? |
En síntesis, el principio cooperativo con sus cuatro categorías y sus respectivas máximas pretenden reglar o regular la conversación entre los hablantes de modo tal que facilite la comunicación en todo momento, ya sea explícita como implícitamente. Cada hablante debe cooperar, es decir, debe convertirse en un cooperador activo de la conversación para que ésta resulte clara y significativa. Por lo tanto, aplicar el modelo griceano podría resultarnos una herramienta terapéutica muy efectiva, pues se trata de un input directo e inmediato, de fisioterapia no con manos, sino con cerebro.
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